Formalizar de manera inmediata convenios, actas de compromiso y matrices de corresponsabilidad con organizaciones sociales, asociaciones culturales, actores patrimoniales y entidades religiosas vinculadas a eventos estructurales como Gran Poder, Feria Dominical de Mil Colores, Alasita y Semana Santa. La gestión pública no puede seguir dependiendo de acuerdos verbales y memoria institucional como si se administrara una peña familiar.
Establecer una mesa permanente de coordinación con la Asociación de Conjuntos Folklóricos del Gran Poder, con cronograma anual, responsables identificados y mecanismos de seguimiento verificable. La principal festividad patrimonial de la ciudad no puede seguir gestionándose con lógica de urgencia de última semana.
Diseñar e implementar criterios técnicos transparentes para la asignación de espacios en la Feria Dominical de Mil Colores, incluyendo control de feriantes asociados e independientes, registro actualizado y mecanismos objetivos de fiscalización. La discrecionalidad en espacio público siempre termina convertida en conflicto político.
Reestructurar el POA institucional con metas medibles, indicadores reales de impacto cultural y objetivos estratégicos verificables, eliminando operaciones repetitivas, metas infladas y actividades declarativas sin respaldo financiero. Un POA no debería parecer literatura fantástica con presupuesto adjunto.
Reducir la concentración presupuestaria en gasto operativo y personal, fortaleciendo líneas permanentes de inversión cultural, protección patrimonial, formación artística y economías creativas. La cultura no puede seguir siendo una oficina que se financia principalmente para sostenerse a sí misma.
Revisar integralmente el gasto del Festival Internacional de la Verbena Paceña y de otros eventos de alta visibilidad para verificar proporcionalidad presupuestaria, impacto real y sostenibilidad institucional. Gastar mucho en una noche no convierte automáticamente la gestión en política cultural exitosa.
Implementar un sistema específico de gestión para Promoción Cultural y Patrimonio que permita trazabilidad de proyectos, seguimiento de compromisos, control de procesos, indicadores de resultados y consolidación documental. Si la información estratégica sigue dispersa en Excel, WhatsApp y memoria oral, no existe gestión, existe supervivencia administrativa.
Realizar auditoría inmediata sobre activos adeudados por ex servidores, regularizando devoluciones, determinando responsabilidades administrativas y evitando que el patrimonio institucional siga desapareciendo con más facilidad que la fe en los procesos de entrega de cargo.
Unificar el control patrimonial dentro de un solo sistema actualizado, eliminando registros paralelos, codificaciones manuales y custodias fantasma asignadas a direcciones que ya no existen. Si nadie sabe quién responde por un bien, en realidad nadie responde.
Fortalecer el uso de herramientas de propiedad intelectual y protección jurídica del patrimonio material e inmaterial, especialmente en manifestaciones culturales tradicionales, producción editorial patrimonial y defensa frente a apropiaciones indebidas. No basta con declarar patrimonio; hay que defenderlo jurídicamente.
Revisar procesos de contratación observados por posible fraccionamiento, uso inadecuado de modalidad menor y contrataciones de cierre de gestión, priorizando control preventivo y no solo explicación posterior cuando ya interviene Contraloría.
Establecer mecanismos reales de medición de impacto cultural, beneficiarios efectivos y resultados verificables para eventos masivos y programas permanentes.
easignar de manera obligatoria los recursos no ejecutados de concursos municipales, FOCUART y categorías declaradas desiertas hacia programas activos de fortalecimiento cultural y apoyo a creadores, evitando que el presupuesto simplemente se pierda por inercia administrativa. Alegar falta de recursos mientras se devuelve dinero sin gestión es una forma elegante de admitir incompetencia.
Fortalecer la planificación de continuidad operativa para eventos críticos mediante cronogramas anuales anticipados, protocolos interinstitucionales y responsables definidos desde inicio de gestión. Gran Poder y Feria de Mil Colores no son sorpresas del calendario, ocurren todos los años; seguir tratándolos como emergencias revela más costumbre que incapacidad.
Ejecutar una revisión estructural de la propia Dirección, evaluando si la actual distribución de funciones, unidades y carga operativa responde a necesidades reales o simplemente reproduce burocracia histórica. Mantener estructuras porque “siempre fue así” es una excelente forma de garantizar que los mismos problemas sobrevivan con admirable puntualidad institucional.