• Frente a este contexto, es fundamental que la gestión municipal adopte un enfoque integral de gestión del riesgo basado en prevención y planificación territorial, dejando de lado esquemas reactivos. Esto implica reconocer formalmente las limitaciones geológicas del territorio e incorporar esta variable como eje central en la toma de decisiones, evitando la autorización de asentamientos en zonas no aptas y fortaleciendo el cumplimiento del mapa de riesgos. La planificación urbana debe alinearse estrictamente con criterios técnicos y geotécnicos.
• De manera prioritaria, se debe implementar una estrategia integral de manejo y control de aguas, considerando que este es el principal factor desencadenante de deslizamientos. Esto incluye la rehabilitación y ampliación de sistemas de drenaje pluvial y sanitario, el control de fugas en redes existentes, la canalización adecuada de vertientes naturales y la incorporación de soluciones técnicas como drenes profundos y pozos de alivio. Sin un control efectivo del agua, cualquier otra intervención tendrá un impacto limitado.
• Asimismo, resulta necesario fortalecer las intervenciones técnicas de estabilización de taludes, priorizando las zonas de mayor riesgo identificadas en campo. Estas acciones deben incluir soluciones estructurales (muros de contención, pilotes, gaviones), técnicas de bioingeniería, reducción de pendientes y control de erosión superficial. La intervención debe ser planificada de manera integral, evitando soluciones aisladas o improvisadas que no resuelven el problema de fondo.
• En paralelo, se debe consolidar un sistema de monitoreo permanente y alerta temprana, que permita anticipar eventos antes de que se conviertan en desastres. Esto implica la instalación de instrumentos técnicos (inclinómetros, piezómetros), el seguimiento de deformaciones del terreno y la integración de la comunidad en la identificación de señales de riesgo. La prevención efectiva depende de la capacidad de detectar cambios en el comportamiento del suelo de manera oportuna.
• Finalmente, la Subalcaldía debe encarar un proceso de reorganización operativa integral, que permita recuperar su capacidad de respuesta y mejorar la calidad del servicio a la población. Esto implica regularizar el control de activos, optimizar la distribución de recursos humanos, fortalecer la formulación y supervisión de proyectos, y mejorar los procesos de contratación. Al mismo tiempo, es clave reorientar la gestión hacia las necesidades reales de la ciudadanía, priorizando demandas urgentes y fortaleciendo los mecanismos de participación social. Solo a través de una estructura interna ordenada y eficiente será posible avanzar hacia una gestión pública más efectiva y sostenible.
• Se recomienda fortalecer de manera prioritaria la capacidad operativa y técnica de la Unidad de Fiscalización Territorial, considerando el incremento del personal especializado y la reorganización de funciones en campo. Esto permitirá mejorar la cobertura territorial en los cuatro distritos de Cotahuma y garantizar un control urbano más eficiente, oportuno y continuo. Asimismo, es fundamental dotar a esta unidad de herramientas tecnológicas y logísticas que faciliten el seguimiento y verificación de construcciones fuera de norma, asegurando la ejecución efectiva de procesos legales ya iniciados.
• En relación con los proyectos de infraestructura vial, se recomienda priorizar la ejecución de la vía Killman como obra estratégica de inicio de gestión, debido a su viabilidad técnica y legal ya consolidada. De igual forma, se sugiere incorporar dentro del plan inmediato de intervención el mantenimiento y rehabilitación de avenidas estructurantes como Juan Azurduy, Julio Téllez, Ángel Alarcón y el puente Niño Kollo, debido a su impacto directo en la conectividad urbana, la seguridad vial y la movilidad.
• De manera complementaria, se recomienda reforzar la capacidad operativa de la Unidad de Mantenimiento y Respuesta Inmediata mediante la adquisición de maquinaria pesada, volquetas y vehículos operativos. Esta dotación es esencial para garantizar la atención de emergencias, ejecución de obras menores y mantenimiento urbano, especialmente considerando las condiciones geográficas complejas del macrodistrito y la alta demanda de intervenciones en campo.
• En materia de gestión de riesgos, se recomienda gestionar la asignación de un presupuesto específico y diferenciado para la atención preventiva y correctiva de deslizamientos y otros eventos geodinámicos. Este presupuesto debe orientarse a intervenciones urgentes, estabilización de zonas críticas y fortalecimiento de medidas de prevención, tomando en cuenta que Cotahuma es uno de los macro distritos con mayor vulnerabilidad geológica de la ciudad.
• En el ámbito social, se recomienda priorizar la intervención en infraestructura educativa en estado crítico, estableciendo un plan de mantenimiento y rehabilitación progresivo. Estas acciones deben ser consideradas estratégicas dentro de la nueva gestión, debido a su alto impacto social y su relación directa con la seguridad de niños y adolescentes en edad escolar.
• Se debe implementar la reactivación económica, turística y devolver algunas funciones que fueron limitadas como la administración y cobro de patentes, visado de planos administración y disposición de los campos deportivos, etc.
• Finalmente, se recomienda fortalecer la articulación con organizaciones sociales, juntas vecinales y actores comunitarios, estableciendo mecanismos formales de coordinación y participación. Una gestión territorial efectiva debe incorporar la corresponsabilidad social como eje fundamental, promoviendo la vigilancia ciudadana, la identificación temprana de riesgos y la canalización adecuada de demandas vecinales.