V. PLANES OPERATIVOS (POA) Y PRODUCCIÓN INSTITUCIONAL (POR GESTIÓN, DEL 2021 AL 2026)

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V. PLANES OPERATIVOS (POA) Y PRODUCCIÓN INSTITUCIONAL (POR GESTIÓN, DEL 2021 AL 2026)

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Comisión Dirección Gestión Gestión Principales productos programados por el área o unidad (Archivos) Principales productos generados por el área o unidad (Archivos) Rendición Pública de Cuentas Inicial (Archivos) Rendición Pública de Cuentas Final (Archivos) Observaciones
Culturas Promoción de la diversidad cultural y Patrimonio 2021
2021
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El análisis de los productos generados por la Dirección de Promoción de la Diversidad Cultural y Patrimonio Inmaterial evidencia una diferencia sustancial entre el cumplimiento formal de actividades y el cumplimiento efectivo de resultados estratégicos. La mayor parte de los productos reportados responde a la ejecución operativa de eventos, concursos, contrataciones y actividades de funcionamiento, pero no necesariamente demuestra impacto estructural en el fortalecimiento cultural, la preservación patrimonial ni en la sostenibilidad de las economías creativas. Existe una tendencia institucional a medir el éxito por cantidad de actividades realizadas y no por la calidad, permanencia o efecto real de dichas intervenciones. Los concursos municipales y el Fondo Concursable de las Culturas y las Artes (FOCUART), pese a constituir uno de los principales instrumentos de fomento cultural, presentan una deficiencia crítica de administración presupuestaria. Cuando una categoría es declarada desierta, los recursos asignados no son reprogramados ni reutilizados dentro de la misma Dirección, generando una pérdida efectiva de fondos públicos destinados al fortalecimiento artístico. Esta práctica debilita directamente el objetivo institucional de incentivo cultural, especialmente considerando la alta demanda de financiamiento existente por parte de artistas, gestores y organizaciones culturales. No se trata de falta de recursos, sino de incapacidad para redistribuirlos con criterio técnico. Las intervenciones territoriales de promoción cultural muestran una ejecución dispersa y con escasa trazabilidad de resultados. La realización de actividades en macrodistritos no cuenta con indicadores claros que permitan medir impacto real en acceso cultural, formación de públicos, fortalecimiento comunitario o sostenibilidad territorial. La descentralización cultural se presenta como una meta recurrente, pero sin instrumentos técnicos sólidos de evaluación termina reducida a una agenda de actividades aisladas, sin capacidad de consolidar procesos culturales permanentes. La preservación patrimonial presenta una de las mayores contradicciones institucionales. Mientras se reportan procesos de catalogación, registro y salvaguardia, la realidad demuestra una débil capacidad de control efectivo sobre el patrimonio protegido. Dentro de la actualización de la Resolución Ejecutiva 134/2018 se identificó que de 673 inmuebles patrimoniales protegidos, 27 ya habían sido demolidos y 57 presentaban nuevas edificaciones; posteriormente la cifra se elevó a 692 inmuebles, con 29 demolidos y 62 con nuevas construcciones. Aproximadamente el 13% del universo patrimonial presentaba afectaciones severas pese a encontrarse formalmente protegido. La protección patrimonial fue declarativa, no preventiva ni efectiva. La Banda Municipal Eduardo Caba, aunque cumple una función institucional importante, concentra una lógica de sostenimiento de nómina más que de fortalecimiento artístico estructural. El presupuesto se encuentra casi íntegramente destinado al pago de personal eventual, con mínima inversión en mantenimiento, renovación instrumental o mejora técnica. Se garantiza la continuidad operativa, pero no necesariamente el desarrollo artístico ni la modernización institucional del elenco municipal. En espacios escénicos y programas de fortalecimiento cultural se observa una reiterada utilización del concepto de “fortalecimiento” como una figura presupuestaria que en la práctica encubre gasto de funcionamiento. Gran parte de los recursos asignados a bibliotecas, patrimonio, infraestructura cultural y economías creativas se concentra en personal, servicios administrativos y sostenimiento institucional, mientras partidas directamente vinculadas a producción cultural, mantenimiento técnico, equipamiento o intervención material presentan montos mínimos o incluso asignación cero. Se fortalece la burocracia, no necesariamente la cultura. Las grandes festividades culturales muestran además una preocupante dependencia de eventos de alta exposición mediática y política. La Verbena Paceña concentra una proporción desproporcionada del presupuesto cultural en relación con otros programas permanentes, absorbiendo en 2025 aproximadamente el 83,6% del presupuesto destinado a Fiestas Julias. A pesar de ello, el propio informe reconoce fallas técnicas de sonido y retrasos operativos, lo que demuestra deficiencias incluso en el evento más financiado. La inversión se orienta al impacto inmediato y visible, no a la sostenibilidad cultural de largo plazo. No existe una política integral de protección mediante propiedad intelectual para el patrimonio cultural inmaterial, especialmente en textos, investigaciones, registros y producción documental vinculada a saberes tradicionales y manifestaciones folklóricas. La ausencia de una estrategia jurídica sólida de derechos de autor expone al municipio al plagio, apropiación indebida y explotación externa de contenidos culturales sin mecanismos reales de defensa legal, particularmente en el ámbito internacional. Resulta especialmente grave que una unidad encargada de la salvaguardia patrimonial no cuente con herramientas efectivas para proteger jurídicamente aquello que administra. La falta de indicadores de desempeño, trazabilidad institucional y evaluación de impacto convierte gran parte de los productos reportados en resultados difíciles de verificar. Se reporta actividad, pero no necesariamente gestión. Se registran eventos, pero no política pública sostenible. Se ejecuta presupuesto, pero no siempre se genera valor público proporcional. La Dirección cumple funciones administrativas y operativas, pero presenta debilidades estructurales en planificación estratégica, eficiencia presupuestaria y sostenibilidad institucional. El problema no radica en la ausencia de productos, sino en la baja capacidad para convertir esos productos en resultados duraderos. La gestión cultural no puede medirse únicamente por cantidad de eventos realizados, sino por su capacidad de fortalecer el tejido cultural del municipio, proteger efectivamente el patrimonio y generar mecanismos sostenibles de desarrollo artístico y económico. Actualmente, la Dirección muestra más capacidad para organizar actividades que para construir política cultural sólida
Culturas Promoción de la diversidad cultural y Patrimonio 2022
2022
Las observaciones correspondientes a la gestión 2022 evidencian una debilidad estructural en la capacidad de planificación, control y trazabilidad presupuestaria de la Dirección de Promoción de la Diversidad Cultural y Patrimonio Inmaterial. La principal falencia radica en la ausencia de información económica detallada respecto a los principales productos culturales ejecutados durante la gestión, lo que impide verificar de manera técnica la relación entre los recursos asignados, las metas programadas y los resultados efectivamente alcanzados. La Dirección no presentó documentación suficiente que permita identificar cuánto presupuesto fue destinado específicamente a actividades estratégicas como Gran Poder, Alasita, Verbena Paceña, Ferias Culturales, Concursos Municipales o FOCUART, limitando gravemente la transparencia institucional. La información presupuestaria revisada se concentra principalmente en fichas de funcionamiento administrativo, pago de personal y sostenimiento operativo, mientras que los productos culturales sustantivos carecen de una desagregación financiera clara. Esta situación genera una distorsión importante en la evaluación institucional, ya que la mayor parte del presupuesto parece orientarse al mantenimiento de la estructura burocrática y no necesariamente a la producción cultural directa. En términos prácticos, se financia más el funcionamiento de la oficina que el impacto cultural que debería justificar su existencia. Se observa una utilización reiterada del concepto de “fortalecimiento institucional” como una categoría presupuestaria amplia que, en la práctica, funciona como una cobertura para gasto corriente. Varias unidades presentan metas vinculadas al fortalecimiento cultural, preservación patrimonial o promoción artística, pero con una estructura financiera dominada por salarios, contratos administrativos y servicios de funcionamiento, mientras partidas esenciales para ejecución técnica, mantenimiento, producción cultural o intervención patrimonial presentan montos mínimos o incluso asignación cero. Se fortalece la planilla, no necesariamente la política pública. La falta de trazabilidad también impide verificar si los principales productos reportados fueron ejecutados con criterios de eficiencia o simplemente como cumplimiento formal de agenda institucional. La realización de eventos masivos no puede considerarse automáticamente un resultado exitoso si no existen indicadores claros de impacto, sostenibilidad o retorno cultural. La Dirección no presenta mecanismos técnicos de evaluación que permitan medir si los eventos fortalecieron realmente al sector cultural o si únicamente respondieron a una lógica de exposición pública y cumplimiento político. Los concursos municipales y el Fondo Concursable de las Culturas y las Artes (FOCUART), pese a ser los instrumentos más importantes de incentivo a la creación artística, presentan una deficiencia grave de gestión presupuestaria. Cuando una categoría era declarada desierta, los recursos no eran reprogramados ni reutilizados dentro de la propia Dirección, perdiéndose fondos que debieron reinvertirse en otros proyectos culturales. Esta práctica contradice los principios de eficiencia, economía y optimización del gasto público, especialmente en un contexto donde la demanda de financiamiento cultural supera ampliamente la oferta institucional. En materia patrimonial, no se evidencia una política integral de protección mediante propiedad intelectual aplicada al patrimonio cultural inmaterial. La producción de investigaciones, textos, registros y documentación vinculada a saberes tradicionales y expresiones culturales carece de una estrategia jurídica sólida de derechos de autor. Esto expone al municipio a plagio, apropiación indebida y explotación externa de contenidos culturales sin mecanismos reales de defensa nacional o internacional. Resulta particularmente grave que una unidad encargada de preservar patrimonio intangible no cuente con herramientas legales eficaces para proteger aquello que administra. La ausencia de documentación suficiente también impide determinar si las grandes festividades como Gran Poder, Verbena Paceña o Alasita fueron ejecutadas bajo criterios de sostenibilidad cultural o únicamente como actividades de alta visibilidad política. Sin información económica desagregada, no es posible establecer si existió una distribución racional de recursos o si, como ocurre en gestiones posteriores, hubo una concentración presupuestaria excesiva en eventos mediáticos en desmedro de procesos permanentes de fortalecimiento cultural. La debilidad institucional de 2022 no se expresa en la falta de actividades, sino en la imposibilidad de demostrar técnicamente que dichas actividades generaron valor público proporcional al gasto ejecutado. Se reportan productos, pero no resultados verificables; se registra actividad, pero no necesariamente gestión eficiente; se sostiene estructura institucional, pero no se acredita una política cultural sólida. La Dirección muestra capacidad para ejecutar agenda, pero no suficiente capacidad para demostrar impacto estratégico real.
Culturas Promoción de la diversidad cultural y Patrimonio 2023
2023
Del análisis de los principales productos presupuestarios de la gestión 2023 se advierten varias observaciones relevantes que llaman particularmente la atención por su impacto en la eficiencia institucional y en la orientación real de la política cultural municipal. La primera observación crítica es la marcada concentración del presupuesto en gasto de funcionamiento y estructura administrativa por encima de la inversión cultural directa. La operación de Servicios de Administración de la Dirección de Fomento y Promoción de la Diversidad Cultural y Patrimonio alcanza Bs. 2.716.961, superando incluso al presupuesto destinado a iniciativas cívicas y culturales de alto impacto ciudadano. Gran parte de este monto se concentra en personal de planta, bonificaciones y funcionamiento operativo, lo que refleja una institucionalidad pesada, donde la sostenibilidad burocrática parece tener mayor prioridad que la producción cultural como tal . Una segunda observación importante es que incluso dentro de los programas considerados de inversión cultural, el gasto vuelve a concentrarse en logística de eventos y no en fortalecimiento estructural del sector cultural. En el caso de Fortalecimiento a Iniciativas Cívicas Artísticas y Culturales, el mayor monto corresponde a contratación de artistas (Bs. 1.298.435), alquiler de amplificación, iluminación y pantallas LED (Bs. 627.900), así como escenarios (Bs. 400.000), dejando en evidencia que la política pública privilegia la producción inmediata de eventos masivos y actividades visibles, antes que procesos sostenidos de formación, circulación de obras, profesionalización o fortalecimiento de industrias culturales a largo plazo . Esto genera una tercera observación: existe una lógica de “gestión de espectáculo” más que una verdadera política de desarrollo cultural sostenible. La priorización de eventos de alta acogida ciudadana como Gran Poder, ferias macrodistritales y celebraciones masivas responde más a necesidades de visibilidad política y presencia institucional que a una estrategia integral de fortalecimiento cultural. Es una política cultural de escenario y tarima, no necesariamente de ecosistema creativo. En contraste, el FOCUART y los concursos municipales, que sí representan mecanismos directos de apoyo a creadores mediante financiamiento concursable, apenas cuentan con Bs. 1.000.000 para 23 concursos y 6 líneas de financiamiento. Esto resulta desproporcionadamente bajo frente a los montos destinados a producción técnica de eventos. En términos simples: se invierte más en sonido y pantallas que en artistas emergentes y creación cultural. Eso debería encender varias alarmas . Otra observación fuerte está en patrimonio cultural. Tanto la preservación patrimonial material e inmaterial como la investigación histórica reciben presupuestos notablemente reducidos. La operación de Preservación y Puesta en Valor del Patrimonio Material, Inmaterial y Arqueológico apenas alcanza Bs. 152.950, siendo una de las más bajas de toda la estructura, pese a tratarse de una competencia estratégica de largo plazo para la ciudad. La memoria histórica termina presupuestariamente tratada como invitada secundaria en su propia casa . Algo similar ocurre con la Unidad de Patrimonio Cultural, cuyo fortalecimiento depende principalmente de gasto en personal técnico, mientras que elementos sustantivos como publicaciones, placas patrimoniales, mantenimiento documental o preservación física tienen asignaciones mínimas. Esto evidencia una brecha entre discurso patrimonial y respaldo financiero efectivo. Se habla de proteger patrimonio, pero se financia apenas la supervivencia administrativa de la unidad . También resulta llamativo que varias partidas figuren con monto cero pese a estar descritas como necesarias para la operación. Mantenimiento de instrumentos de la Banda Municipal, uniformes, mantenimiento de vehículos, impresión de materiales patrimoniales, materiales de limpieza y otras partidas aparecen formalmente previstas pero sin respaldo presupuestario real. Eso suele ser una bandera roja administrativa: planificación declarativa sin capacidad efectiva de ejecución o previsión incompleta de gestión . Finalmente, existe una dispersión conceptual importante entre cultura como producción artística, cultura como patrimonio y cultura como protocolo institucional. Muchas operaciones mezclan objetivos culturales genuinos con actividades de ceremonial, actos protocolares y sostenimiento administrativo, lo que dificulta medir impacto real y evaluar resultados culturales concretos. Cuando todo entra en “cultura”, también se vuelve más fácil esconder ineficiencias bajo una narrativa amplia y emocionalmente difícil de cuestionar. En resumen, el patrón general muestra una administración que prioriza funcionamiento, visibilidad pública y eventos de alta exposición política, mientras reduce proporcionalmente el apoyo estructural a creadores, patrimonio e investigación cultural. Dicho sin anestesia: hay más presupuesto para tarimas que para memoria, más para protocolo que para política cultural profunda. Y eso, estratégicamente, dice muchísimo.
Culturas Promoción de la diversidad cultural y Patrimonio 2024
2024
Se observa además una fuerte dependencia de eventos masivos y actividades de alta exposición pública como principal mecanismo de ejecución presupuestaria. La contratación de artistas, alquiler de escenarios, amplificación, pantallas LED, iluminación y producción técnica concentra una parte significativa de los recursos destinados a cultura, particularmente en actividades como Gran Poder, Ferias Culturales de Mil Colores, Verbena Paceña y otros eventos de gran visibilidad. Esta lógica prioriza resultados inmediatos y visibles, pero reduce la capacidad institucional para consolidar procesos permanentes de formación artística, fortalecimiento de públicos, profesionalización cultural y sostenibilidad de largo plazo. El fortalecimiento de las economías creativas presenta también una debilidad conceptual y operativa. Aunque el programa se plantea como una estrategia de impulso al desarrollo cultural y productivo, gran parte de su ejecución se mide a través de procesos administrativos y contratación de personal eventual, sin indicadores claros vinculados a generación de empleo cultural, sostenibilidad de emprendimientos creativos o crecimiento efectivo del sector artístico local. La medición del cumplimiento se centra en procedimientos y no en resultados estructurales. En materia patrimonial, la inversión destinada al fortalecimiento de la Unidad de Patrimonio Cultural se concentra principalmente en digitalización documental, compra de equipos de oficina, material de escritorio, impresión de trípticos y sostenimiento técnico, mientras las intervenciones patrimoniales materiales, la recuperación física de inmuebles y la protección preventiva mantienen un alcance reducido. Esta situación reproduce una gestión patrimonial declarativa, enfocada en registro y documentación, pero con limitada capacidad de preservación efectiva sobre el patrimonio construido. La Banda Municipal Eduardo Caba y otras actividades vinculadas al ceremonial institucional mantienen una cobertura presupuestaria sólida y sostenida, principalmente destinada a personal permanente y funcionamiento operativo. Si bien su función cultural es relevante, la comparación con los recursos destinados a investigación patrimonial, innovación cultural o apoyo estructural a nuevos creadores evidencia una priorización conservadora que favorece el mantenimiento institucional por encima de procesos de renovación y fortalecimiento del ecosistema creativo. Se advierte también una debilidad en la formulación de metas institucionales, ya que muchas de ellas se expresan en términos administrativos como número de contrataciones realizadas, adquisiciones ejecutadas o procesos de atención cumplidos, sin establecer indicadores claros de impacto cultural, transformación social o fortalecimiento territorial. Esta forma de medición dificulta evaluar la verdadera eficacia de la política pública y permite que el cumplimiento formal de procedimientos sea presentado como cumplimiento sustantivo de objetivos estratégicos. En síntesis, la gestión 2024 refleja una política cultural fuertemente orientada al sostenimiento institucional, la ejecución operativa y la visibilidad pública inmediata, mientras el fortalecimiento estructural del sector cultural, la protección efectiva del patrimonio y la consolidación de economías creativas sostenibles reciben menor prioridad presupuestaria. El problema no radica en la ausencia de actividad, sino en la limitada capacidad para transformar esa actividad en resultados duraderos y verificables de política pública cultural
Culturas Promoción de la diversidad cultural y Patrimonio 2025
2025
Las principales observaciones evidencian una profunda distancia entre el discurso institucional de fortalecimiento cultural y la realidad de la gestión ejecutada. La Dirección mantiene una estructura excesivamente orientada a la producción de eventos masivos, actividades protocolares y acciones de alta visibilidad política, mientras los procesos de fortalecimiento estructural del sector cultural, la preservación patrimonial sostenida y la protección jurídica del patrimonio inmaterial permanecen en un segundo plano. La gestión cultural termina funcionando más como una agenda de eventos que como una verdadera política pública de desarrollo. La Festividad del Gran Poder, la Verbena Paceña, las Fiestas Julias y otros eventos de gran exposición absorben una proporción desmedida de recursos humanos, operativos y presupuestarios. Si bien su importancia cultural es incuestionable, la institución ha convertido estos eventos en su principal argumento de gestión, como si la sola realización de un espectáculo equivaliera automáticamente a eficiencia institucional. La ejecución de un evento no constituye por sí misma un resultado exitoso, especialmente cuando existen deficiencias técnicas, retrasos operativos, improvisación logística y una débil relación entre costo invertido e impacto real generado. La Verbena Paceña representa el ejemplo más claro de esta distorsión. Es uno de los eventos con mayor concentración presupuestaria dentro de toda la agenda cultural anual, superando ampliamente programas permanentes de fortalecimiento artístico o preservación patrimonial. A pesar de ello, incluso en su ejecución se registraron fallas técnicas de sonido, retrasos en programación y problemas de coordinación operativa. Se destina más presupuesto al evento más visible y aun así persisten errores básicos de organización. No se trata de falta de recursos, sino de deficiente capacidad de planificación y supervisión. Las Ferias Culturales de Mil Colores son presentadas como instrumentos de fortalecimiento de economías creativas, pero en la práctica muchas veces operan más como mercados temporales que como verdaderas políticas de desarrollo cultural. No existen indicadores serios que permitan demostrar sostenibilidad económica para los participantes, crecimiento de emprendimientos creativos o fortalecimiento real del tejido productivo cultural. Se contabilizan ferias realizadas, pero no resultados permanentes. Se administra la apariencia de fomento, no necesariamente el fomento mismo. Los Concursos Municipales y el Fondo Concursable de las Culturas y las Artes, FOCUART, siendo uno de los pocos mecanismos de incentivo directo al creador cultural, presentan deficiencias graves de gestión presupuestaria. Cuando una categoría es declarada desierta, los recursos asignados no son reprogramados ni reutilizados eficientemente dentro de la propia Dirección, perdiéndose fondos públicos que debieron reinvertirse en otras líneas culturales con alta demanda. Esta práctica no solo refleja rigidez administrativa, sino una preocupante incapacidad para comprender que en cultura perder presupuesto significa debilitar directamente al sector que se pretende fortalecer. La protección del patrimonio inmaterial presenta una omisión todavía más grave. No existe una política integral de propiedad intelectual aplicada a investigaciones, publicaciones, registros y documentación vinculada al patrimonio cultural paceño. La ausencia de mecanismos sólidos de derechos de autor deja expuesto al municipio al plagio, apropiación indebida y explotación externa de contenidos patrimoniales sin defensa jurídica efectiva, especialmente en el ámbito internacional. Resulta difícil justificar que una unidad encargada de salvaguardar patrimonio intangible no proteja legalmente aquello que dice preservar. Es administrar memoria sin blindarla. La preservación patrimonial también evidencia una contradicción estructural entre narrativa y realidad. Mientras se sostiene públicamente la defensa del patrimonio cultural, los recursos efectivos destinados a investigación, catalogación, protección material y control técnico siguen siendo notablemente inferiores frente al gasto destinado a escenarios, sonido y logística de eventos. La protección patrimonial termina siendo más discursiva que operativa, más declarativa que preventiva. El patrimonio se defiende mejor en discursos que en presupuesto. La ausencia de indicadores claros de desempeño agrava toda la estructura de gestión. No existen mecanismos técnicos sólidos que permitan medir si los objetivos estratégicos fueron realmente cumplidos más allá del simple registro de actividades ejecutadas. Se mide si hubo feria, si hubo evento, si hubo convocatoria, pero no se mide fortalecimiento cultural, sostenibilidad económica, protección patrimonial ni impacto territorial. El cumplimiento formal reemplaza al cumplimiento sustantivo y la actividad se confunde con resultado. La Dirección demuestra capacidad para organizar agenda institucional, pero serias limitaciones para construir política pública cultural sostenible. Se ejecuta presupuesto, pero no siempre se genera valor público proporcional. Se producen eventos, pero no necesariamente desarrollo cultural. Se sostiene una estructura administrativa eficiente para operar, pero insuficiente para transformar. El problema no es la falta de trabajo, sino la cómoda instalación en una lógica donde parecer gestión resulta más importante que demostrarla.